Valentina Poveda
9 años
La llevé al zoológico. Seguro les encantará.
Mi jirafa es la más linda de todas y además es de bolsillo.
Conseguí un empleo en el zoológico, este será el primer animal que lleve. Y lo mejor es que atendemos sólo de lunes a jueves y no en feriados, así que me la llevaré a casa los días de vacación.
Le compré una enorme casa, porque en la mía no va a entrar.
Al llegar al zoológico, ella se sintió muy a gusto. Había platillos por doquier, un amplio espacio en todas las jaulas, y a la entrada de su jaula había una enorme placa de oro macizo y brillantes que decía: Jirafa.
Esa letra estaba muy limpia y bastante trabajada. Debía ser uno de los animales más queridos.
La dejé pasar al interior de la jaula. Esta era muy muy grande, por lo que la hacía ver tan pequeña como una chihuahua. Al llegar mi jefe me sentí muy orgulloso de presentarle a mi jirafa Clementina.
Mi jefe se cubrió los ojos antes de llegar a ver la octava maravilla del mundo, y cuando la vio…no voy a explicar cómo fue la escena de su desconcierto y me dijo:
- ¡Cómo pudiste traer a una chihuahua!
Yo le contesté muy firme:
- ¡Tome!
El muy confundido leyó la tarjeta:
- 05789353/22807534… ¡Qué es esto!
- Es el teléfono de la óptica El Pajarito, es porque usted necesita lentes.
- ¡Está despedido!
- No lo puede hacer, porque en el contrato que firmó, en la letra tamaño pulga dice que prometió no despedirme en cuatro años.
- ¡¡¡Ay!!!
No sé por qué, pero él se arrancó los pocos cabellos que tenía.
Un feriado llevé a mi linda jirafa al árbol de manzanas, pero para su “gran” cuello era muy difícil alcanzar la cima del árbol, porque éste medía 45 cm. La llevé a otro árbol, de tan sólo 20 cm. En este árbol había muchas hojas. Las comió muy rápido. Al paso compré un espejo para su gran casa para que pudiera mirar todos los días si ya le salían las manchas.
Pasaron varias semanas y seguía igual. Al verla sin manchas tanto tiempo exigí en la tienda de mascotas un reembolso y una cita con el dermatólogo de animales.
Los dueños de la tienda de mascotas no lo comprendieron, pero no tuvieron más opción que darme el reembolso, ya que mi abogado estaba allí y no querían tener problemas.
Le pedí al dermatólogo un tratamiento para que le salieran manchas. Él solo me dijo que eso era imposible. Pero al oír cómo las personas de afuera gritaban y decían que no tenían mucho tiempo, ya que debían ir a su trabajo o a cuidar a sus hijos, me dijo que lo que podía hacer era ponerle unos tatuajes en forma de manchas. Mi mascota y yo salimos muy felices. (No entiendo por qué este dermatólogo se empeña tanto en llamar un tratamiento como tatuaje, si tatuaje no es una palabra polisémica…… ¡Los dermatólogos no saben de palabras!)
A la mañana siguiente, mi jirafa al ver otra vez sus manchas, de un brinco salió de la cama. Y se comió todas las hojas del cerezo, debo amaestrarla para que no confunda los rosales que me regaló mi suegra, (dice que son muy económicos, porque le costaron $ 0,50 y se los vendió un señor con ropa no muy elegante caminando por la calle vendiendo mil y un de esos) con un baño público, porque invita a las otras jirafas a pasar un rato por ahí. (Creo que debo amaestrar a todos los visitantes), ya que no quiero que mis amigos lleguen y digan que mi jirafa es la más sucia. A uno de mis amigos le gustará una descripción de mi jirafa. Mejor voy a hacerla… Ahhhh mi jirafa les manda lamidos.
Reseña del taller
Taller de escritura creativa para niños. Coordinadora Leonor Bravo Velásquez. 2009
Lectura inicial: Mi gatito es el más bestia. Gilles Bachelet. Ilustraciones del autor. Traducción de Sílvia Masó. Barcelona, RBA-Molino, 2005.
Me encantó el cuento del chihuaha jirafa o de la jirafa sin manchas. Tiene gran talento la pequeña escritora, será que un día llena el vacío en nuestras letras y se transforma en la novelista que reclama este país. Espero que pronto, Valentina, que hoy tiene nueve años, se transforme de la contumaz lectora y escritora en ciernes, en la realidad que anhelamos, con manejo de lenguaje, recursos, humor, originalidad, a esa edad, puede llegar, cuando sea adolescente, a escribir para un público exigente, con su cultura, formada desde la cuna.
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