viernes, 25 de marzo de 2011

CLASE DE OLORES Y SABORES

Esta es una de las clases favoritas de los niños porque llevo al taller cosas deliciosas y no tan deliciosas para comer y muchas otras para oler. Ante cada olor y sabor ellos tienen que escribir un pequeño texto sobre cada sensación y luego un texto mayor sobre toda la experiencia.

Clase de olores y sabores

Alejandra Rivadeneira


Alejandra estaba en la clase que tanto le gustaba, solo que a veces sufría un poco. Y todo empezó…

Primero le pasaron unas flores de azahar, y apenas las olió su mente se nubló por completo y ella solo pudo recordar cuando su cuarto olía tan rico porque su papá le había llevado flores. Entonces volvió a la realidad y ya tenía una gran mata de cedrón en sus manos. Cuando la olió sintió que le llegaba tan adentro como cuando se te atora un caramelo y crees que el camino boca-estómago es eterno.

Cuando terminó, Alejandra sintió un olor extraño y sin darse cuenta se metió un pedazo de algo desconocido a la boca. Al principio pensó: mmmmm, sabe bien; pero luego sabía horrible como cuando te enamoras de la persona equivocada.

Luego se comió una galleta tan dulce que le recordó cuando hace calor y te metes a la piscina. Pero la felicidad no duró mucho. De repente la profe le dijo: ¡A las tres se meten todo ese pedazo de limón, uno, dos, TRES! Y Alejandra no tuvo otra opción que metérselo a la boca, era demasiado agrio como cuando te sacas una F en la prueba de mate.

Cuando acabaron eso malos momentos, llegaron más. Se comió una gran papa picante. Estaba frita. Así se sentía Alejandra cuando llegaba tarde a clase y todos la quedaban mirando, totalmente frita.

Pero todo tiene su final, cuando olió ese algodón perfumado se sintió tan feliz. Era como estar comiendo un pastel de chocolate en las nubes. Se sentía tan bien flotar. Pero todo lo que sube, tiene que bajar. Un segundo después sintió que su mundo se derrumbaba, que le daban ganas de vomitar, como cuando en el almuerzo de la escuela le servían berenjena. Se había metido un pedazo de jengibre a la boca.

Mientras pensaba en eso un olor le llegó a la nariz, era hierbabuena y le recordó cuando se enfermaba de cualquier cosa y el médico le mandaba a tomarse una agüita de eso. ¡Qué feo! La tortura china continuaba. Esta vez era una aceituna, tan fea como cuando llega un chico nuevo con cara de villano al salón de clase.

Un pepinillo no le supo tan mal y le recordó ese día que se enfermó de… bueno de algo extraño, pero no tuvo que ir a la escuela. Pero más dulce era el dulce de leche, o sea cuando tu abuelita llega de viaje con un gran peluche de regalo.

El caramelo que se comió después era duro por fuera y suave por dentro, como cuando conoces al chico nuevo con cara de villano, se ve duro por fuera y suave por dentro. Y total así siempre es la clase de olores y sabores, como un caramelo.


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