¡Es un hada!
—Mamá! Aquí hay un bicho grande y feo —gritó Cathy
Su mamá subió desesperada las gradas dispuesta a matar al bicho grande y feo, pero cuando entró en el cuarto de su hija no vio absolutamente nada.
Su mamá se acercó a ella, le tocó la frente, el cuello y las mejillas.
—Fiebre! —exclamó dentro de un rato y salió corriendo a llamar al doctor.
En cuanto su mamá salió del cuarto, Cathy vio que el bicho se había escondido debajo de la cama. Se armó de valor y una pequeña caja y se metió allí abajo. Entonces vio un hermoso resplandor. Allí, debajo de la cama, pudo ver al “bicho grande y feo”. Y llegó a la conclusión de que no era un bicho sino un hada, pero no una, sino cientos de ellas.
Cathy, en vez de alegrarse, pensar que se haría millonaria si las vendía al museo o querer adoptarlas, solo pensó en gritar y eso fue lo que hizo. Es más, las hadas también lo hacían.
Entonces su mamá volvió a entrar en el cuarto y cuando vio a su hija, metida bajo la cama, gritando con todas sus fuerzas, la jaló de los pies que quedaron fuera y le dijo:
—Cathy! Como se te ocurre hacer eso. ¿Meterte bajo la cama cuando estás enferma? Además eres alérgica al polvo. Quiero que te metas en la cama y no salgas de ahí.
Cathy se metió en la cama y cuando su mamá salió del cuarto las hadas también, dispuestas a encontrar otro escondite. Cathy abrió desesperada la ventana y todas las hadas se fueron…
Y en ese momento llegó el doctor. Examinó a Cathy de pies a cabeza y no le encontró ninguna fiebre. Le dijo a su mamá que su hija no tenía nada y se fue.
La mamá de Cathy pensó que tal vez era ella la que tenía fiebre, o se estaba volviendo loca y ya no podía ver los bichos grandes y feos.
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